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Jalarse el pelo, arañarse, rasguñarse, morderse y golpearse la cabeza
contra el piso son algunas conductas autoagresivas que pueden tener los
niños.
Las razones de estas actuaciones, según el siquiatra infantil
Germán Casas, pueden ser de tres tipos: sicológico, neurológico o
manipulación.
El primero se refiere al pequeño que se lastima
después de un enojo o inconformismo, con el fin de llamar la atención.
“Es el que después de que el adulto le niega un helado, el infante se
agrede, creyendo que con esto llamará la atención y conseguirá lo que
desea”.
Este tipo de niño, según Casas, es consciente de su agresión y
evita, en la mayoría de los casos, lastimarse fuerte. Es decir,
controla la fuerza con la que se pega, ya que solo busca ser complacido.
Otro
caso es el de aquel menor que se lesiona debido a la ansiedad, soledad,
depresión y poca tolerancia a la frustración. Además, encuentran en la
autoagresión la estimulación que les hace falta.
“Estos son pequeños
que carecen de amor y compañía, pero sobre todo del cuidado de los
adultos, por lo que incluyen la autolaceración en un intento desesperado
de tener un apego propio”, indica Casas.
También puede ser el
resultado, afirma la sicóloga Sandra Jaramillo, de una respuesta a la
separación de sus padres, de problemas escolares, económicos y
familiares en los que el niño se ve involucrado.
Sin embargo, la
causa que requiere más cuidado es neurológica. Según el neurólogo
pediatra Álvaro Izquierdo, el déficit de atención con impulsividad, el
cuadro sicótico, el autismo, el retardo mental y las anormalidades
metabólicas podrían ser algunas causas por las cuales los niños se
agreden a sí mismos, ya que los aleja del mundo real y no les permite
diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal, sufriendo así una
alteración de la sensibilidad.
Investigadores han encontrado que
desequilibrios en los neurotransmisores podrían causar conductas
autoagresivas, ya que algunas sustancias podrían incrementar su
producción o liberación, lo que aumentaría el grado de irritabilidad;
además, el pequeño no experimenta ningún dolor mientras se hace daño.
¿Qué hacer?
Antes
de diagnosticar al pequeño, la sicóloga Sandra Trujillo señala que lo
más importante es revisar si ese comportamiento del menor ha sucedido
una o varias veces y si los episodios los hace con varias o solo con una
persona determinada. Eso, en realidad, dará un primer paso para que los
expertos especifiquen las causas y los tratamientos que se seguirán.
Por
lo tanto, Trujillo sugiere que en la primera autoagresión que vean de
los hijos, los padres ignoren, calmen y, luego, les expliquen las
razones por las cuales no se debe actuar con maltrato.
“Es
fundamental tener claro que si la autoagresión se repite, los adultos
deben buscar asesoría de un experto, para descartar cualquier lesión
sicológica o neurálgica”, indica Trujillo.
Los tratamientos para la autoagresión dependen de la causa que la ocasionen; pero pueden ser sicológicos o con
medicamentos.
Tenga en cuenta
• Trate de resolver la autoagresión en casa, si esta fue ocasionada por una pataleta.
Fuente: www.abcdelbebe.com
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